viernes, 16 de enero de 2009


- Adiós- le dijo a la flor.Pero ella no le respondió.-Adiós – repitió el.La flor tosió. Pero no era por un catarro.-He sido tonta – le dijo por fin -. Te pido perdón. Intenta ser feliz.A el le sorprendió la ausencia de reproches.Permaneció allí. Totalmente desconcertado, con la campana en la mano. No comprendía aquella sosegada dulzura.-Claro que si te quiero- le dijo la flor.Por mi culpa no te has enterado de ellos. No importa. Pero tú has ido tan tonto como yo. Intenta ser feliz… Deja la campana a un lado. Ya no la quiero.-Pero el viento…-No estoy tan acatarrada como para preocuparme de eso… El aire fresco de la noche me sentara muy bien. Soy una flor.-¿Pero los animales?-Si quiero conocer las mariposas, tendré que soportar dos o tres orugas. ¡Deben de ser tan bonitas…! Si no, ¿Quién vendrá a visitarme? Tú estarás lejos. Y no les tengo miedo a las fieras. Tengo mis propias garras.Y enseña con ingenuidad sus cuatro espinas. Luego añadió.-No te quedes ahí, plantado, me pone nerviosa. Has decidido irte, pues vete.Porque no quería que la viese llorar. Era una flor tan orgullosa